Programar lo que dejamos ver

Escrito para Hashtag 4 Datificio, Agosto 2026

“Los mensajes y las llamadas están cifrados de extremo a extremo. Nadie fuera de este chat, ni siquiera WhatsApp, puede leerlos ni escucharlos.” Esta frase, que vemos al iniciar cada conversación, resume a la perfección qué es lo que nos da la criptografía: privacidad sin necesidad de confiar en un tercero. No es una promesa hecha por un proveedor, que puede romperse con un cambio de términos y condiciones, o que puede ser vulnerada en un hackeo a un datacenter. Es un hecho embebido en el sistema que estamos usando.

El cifrado es quizás una de las técnicas criptográficas más conocidas. Ocultar mensajes de los ojos de un tercero es una práctica que data de hace miles de años. Hoy en día la mayoría de nuestras comunicaciones están cifradas por defecto, y cualquier dato sensible se guarda cifrado para protegerlo contra una filtración de datos.

Otra herramienta que también usamos constantemente es la firma digital. Permite que una entidad firme un mensaje o documento de manera que cualquiera pueda verificar su origen. Sin ir más lejos, cada vez que nos conectamos a un sitio web, nuestros dispositivos validan a través de un certificado que estamos hablando con el sitio que creemos. Su alcance trasciende las comunicaciones digitales: por ejemplo, todos los pasaportes con chip llevan la identidad de su dueño firmada digitalmente por el gobierno emisor.

Pero la criptografía es una caja de herramientas que va mucho más allá del cifrado o la firma digital. En los últimos años surgió una nueva familia de técnicas: las pruebas de conocimiento cero, o ZKPs por sus siglas en inglés (zero-knowledge proofs). Estas permiten demostrar criptográficamente una aseveración sobre una serie de datos sin revelar los datos en sí.

Retomemos el ejemplo de la firma digital en los pasaportes. Hoy en día, para usar un servicio que requiere verificar la mayoría de edad, tenemos que presentar nuestro documento para probar que una entidad (el gobierno emisor) asevera que nacimos hace más de 18 años. Notemos la cantidad innecesaria de información que estamos transmitiendo: para demostrar nuestra edad, estamos revelando nuestro nombre completo, número de pasaporte, género, y nacionalidad. Es más, ni siquiera es necesario que la contraparte sepa nuestra fecha de nacimiento, sólo debe saber que fue hace suficientes años.

En este escenario, una prueba de conocimiento cero puede demostrar que poseemos un documento, firmado por un organismo de gobierno, que acredita que nacimos hace más de 18 años. Nada más. La contraparte recibe solamente esta prueba, en lugar de una foto de nuestro pasaporte.

Tenemos demasiado naturalizada la práctica de compartir libremente nuestros datos con quien sea que los solicite. Los proveedores tienen la huella de toda nuestra actividad digital, y esa mala práctica les permite además asociarla con nuestra actividad fuera del ciberespacio. Las políticas de privacidad son, en definitiva, una promesa que se ve vulnerada una y otra vez. La criptografía, en cambio, es la garantía construida dentro del sistema de que nuestros datos se mantienen nuestros. No es necesario confiar en el proveedor, pues el proveedor no tiene acceso a los datos que no le incumben.

Y esto no se limita al caso del pasaporte. Lo particularmente interesante de las pruebas de conocimiento cero es que forman parte de una nueva manera de hacer criptografía: la criptografía programable. Con esto nos referimos a métodos criptográficos que podemos expresar a través de un programa, sin necesidad de inventar nueva matemática por cada nuevo problema que queremos resolver. Esto baja la barrera de entrada para poder generar pruebas criptográficas a medida para cualquier escenario.

Así podemos generar pruebas criptográficas de que estamos en una región sin necesidad de dar acceso a nuestras coordenadas exactas. O probar que calificamos para un crédito sin revelar nuestros movimientos y saldos. O demostrar que participamos de una comunidad digital sin indicar quiénes somos.

La criptografía programable va más allá de la revelación selectiva de nuestros datos. Una prueba de conocimiento cero puede permitirnos verificar que una imagen provino de la edición de una foto firmada digitalmente por una cámara real, y que no fue generada por la IA de turno. O puede demostrar que una transacción en una blockchain se hizo correctamente, sin revelar los detalles de cada transferencia. Otras técnicas van en la misma dirección: el cifrado homomórfico permite a una empresa computar sobre datos a los que no tiene acceso, y la computación multipartita permite que distintas entidades extraigan información de sus datos conjuntos sin necesidad de compartirlos.

La criptografía hoy en día es una herramienta viable para proteger nuestros datos y privacidad. No necesitamos confiar en la entidad a la que le entregamos nuestros datos, porque no se los entregamos en primer lugar. Está en nosotros utilizar sistemas que respeten nuestra privacidad y estén construidos para garantizarla matemáticamente a través de la criptografía. Está en nosotros elegir qué dejamos ver.